Jesús, el Cristo

“En su visión Enoc vio al Hijo del Hombre restaurando los grandes lazos de la creación, sanando la fisura entre el cielo y la tierra y así restaurar el cosmos”.213 ¿Qué signos había de que Jesús era ese Hijo del Hombre? Así se llamó a Sí Mismo. En el desierto estaba con los ángeles y los animales (Mc. 1,13), señales del nuevo Adán.214 Él curaba a los enfermos, ató al fuerte (Mt. 12, 29) y le dio a Pedro el poder de atar (Mt. 16, 13-19), lo que podría significar en este contexto de restricción, a las fuerzas del mal para que los seres humanos estén sujetos (el pecado individual puede ser visto en un contexto mucho más grande).

Los demonios se someten al Nombre de Jesús (Lc. 10, 17), pues Jesús mismo realizó un sinnúmero de exorcismos. “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc. 4, 41). Los discípulos reconocieron con asombro que esto era evidencia de un Mesías, el Señor de la Creación. Jesús predica la venida del Reino, el Reino de Dios, la Alianza restaurada,  la justicia, la paz y fertilidad restauradas. Después vino la curación del ciego de nacimiento, no porque él o sus padres pecaron, sino con el fin de revelar las obras de Dios (Jn. 9). “¿Crees en el Hijo del hombre?”, le preguntaron. “Si leemos el Cuarto Evangelio a la luz de Enoc, nos damos cuenta de que el final la ceguera era una señal de que el poder del mal se estaba rompiendo y que la alianza cósmica estaba restaurándose. Este fue el verdadero papel del Hijo del Hombre”.215

San Pablo era muy consciente de que el pecado tenía que ver con todo el desorden de la creación (Rm. 8, 18-23) y que ningún poder en el cielo o en la tierra puede separarnos del amor de Dios, lo que implica que las fuerzas

cósmicas hostiles están una vez más ligadas a los propósitos de Dios. En Jesús, Dios re-establece la alianza eterna (Hb. 13, 20).

Él es el Cristo “muy por encima de cada Autoridad soberana, poder o dominación o cualquier otro nombre que puede ser nombrado… Él ha puesto todas las cosas bajo sus pies” (Ef. 1, 21). Y, por supuesto, el gran himno en Colosenses es muy explícito. “Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y creó un lugar para nosotros en el reino del Hijo que ama. Él, el Cristo es el Señor de todo el cosmos, ambas cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles. Todas las cosas se reconcilian a través de Él, Él trae la paz”.216 Esta comprensión de Cristo se remonta al mesianismo de la realeza sacra expresado maravillosamente en el Salmo 72, y en última instancia a la Alianza eterna, al pacto cósmico, al pacto de paz.

Hacia una Eco-Asuncion  – Jessica Gatty, r.a.

Partage

Partager sur facebook
Partager sur twitter
Partager sur whatsapp
Partager sur email
Partager sur print

Editorial

Plus d'articles :

Envoyez-nous un message