Via Crucis desde Sarriá. Barcelona 2020

Introducción


Quizá la situación que llevamos viviendo desde hace días, con el confinamiento forzoso, con la enfermedad y muerte de personas cercanas y queridas, con el cese de la actividad económica que anticipa situaciones vitales muy difíciles para muchas personas trabajadoras, para muchas familias, con la incertidumbre que todo esto nos genera, con la soledad que experimentamos, con la distancia que pone entre nosotros, con… hace posible que podamos vivir la Pasión de Jesús con más intensidad. Quizá podamos sentir nosotros en carne propia su pasión, la pasión del mundo, la pasión de Dios.


Recorremos con Jesús ese camino de la pasión, ese vía crucis. Ese camino de la Pasión que están recorriendo hoy los enfermos, las familias de los fallecidos, quienes ven agravada su situación de precariedad y pobreza, quienes sufrían y seguirán sufriendo las consecuencias de este sistema que mata, de esta economía que excluye y descarta, del individualismo insolidario que abandona a tantas y tantos a su suerte…

Comisión Permanente de la HOAC

Primera estación: Jesús es condenado a muerte
Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos:
«¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió: «pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a Barrabás; ya Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Mateo 27, 22-23.26

Estos días hemos ido orando cómo maquinan la muerte de Jesús los dirigentes religiosos y políticos de su tiempo, para entregarle a muerte. Jesús de Nazaret que da la vida por nosotros, con ese amor grande y gratuito hacia cada uno y cada una, y también fiel al amor del PadreEsta realidad se ha unido con la experiencia que estos días vivimos de enfermedad, de pandemia del coronavirus. Me sobrecoge esta situación de tantos muertos que no llegamos a calcular del todo.
Te ofrezco, Señor, la vida de tantos muertos y el dolor de sus familiares.
También te doy gracias por tantas personas que han dado su vida por estos
enfermos como Tú, Señor. Me impresiona la fuerza de la solidaridad, se confiesen o no creyentes.
Que esta experiencia haga mella en nuestra vida para que, en adelante, quede convertido nuestro corazón.

Segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Mateo 27, 27-31
Jesús, ¡cuánto amor y entrega! Nos unimos a Ti… sobre todo hoy día, pensando en tantos enfermos a causa de la epidemia. Haz que encuentren en Ti alivio y fortaleza. También lo pedimos a tu Madre, que te acompañaba a Ti y nos acompaña a nosotros, que no nos deja solos. Ayúdanos a pensar que, aunque el sufrimiento pasa, el haber sufrido no queda en el vacío, no pasa.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Isaías 53, 4-6

Después del juicio aberrante y totalmente injusto, Jesús sale apaleado y
destrozado e inicia el camino hacia el Gólgota, decidido a aceptar la voluntad de su Padre: acabar su vida en la Cruz. Cae de agotamiento una primera vez, rendido de cansancio y dolor, no sólo físico: El piensa en todo el dolor del mundo y, sobre todo, ese dolor de lo que hoy nos pasa y no entendemos. Queremos saber pero no hay respuestas…
Sabemos que trás la primera caída vendrán otras… pero también sabemos que Tú, no nos abandonas ni nos dejas, que nos agarras de las dos manos y nos levantas.
Te pido por todos nosotros, que estamos como “corderitos atontados” ante esta pandemia. No sé qué decirte, Dios mío, échanos una mano y haznos entender por qué esta situación que no entendemos pero que por algo ha venido. Hemos caído pero no hemos perdido la confianza en Tí.

Nota: el Vía Crucis completo en pdf

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