Rechazo al inmigrante pobre: la aporofobia

Los cristianos citamos con mucha frecuencia el texto evangélico de Lc 6,20 “ bienaventurados los pobres “ esta frase de Jesús está en nuestro pensar y en nuestro corazón y sería un deseo para todos, como nos indicaba el Papa Francisco que estuviese en nuestras entrañas y nos hiciera actuar a favor de los que proclamamos dichosos, pero que solo hacemos con la palabra y en contextos litúrgicos y de oración.


¿ Cómo en una sociedad desarrollada y cada vez más tecnificada, la pobreza va creciendo y el rechazo al pobre se multiplicándose ? Nuestro mundo globalizado, pero autodependiente, necesita del otro, bien sea de un país, de una industria de…necesitamos la ayuda del otro, pero como el pobre no puede ofrecernos nada, es rechazado. La fobia al pobre extranjero, la aporofobia se ha instalado en nuestro sistema de ; te doy para que me des, cuando el pobre y más el pobre que no es de nuestro país, no tiene nada qué darnos, no es nada, lo rechazamos. No rechazamos al inmigrante, al extranjero (turista) rechazamos al extranjero pobre.


Proclamamos bienaventurados a los pobres, pero no queremos encontrarnos entre ellos, siéndolo. Nuestra educación, nuestros criterios y nuestra forma de actuar, caminan por lugares muy distintos. Nos avergonzamos de un pariente pobre, nos vemos incapaces de atender a los que están junto a nosotros, no deseamos, huimos de una pobreza que nos ponga en situación de necesidad y de carencia continuada.


No nos sentimos incluidos en los bienaventurados de Lucas ni de Mateo. Sin embargo la cercanía a los pobres es fuente de sanación y fuerza para seguir creyendo en la luz de la compasión y la misericordia para hacer salir de cada uno de nosotros la parte de humanidad que nos lleve a considerar a nuestros hermanos, no objetos de desecho, sino personas de esperanza y transformación de una sociedad a la que puedan ofrecer la riqueza de su esperanza y la fuerza de su saber y trabajo. Pero esto, cuando les demos la oportunidad, tratándolos no como esclavos nuestros, si no como colaboradores en la construcción de un mundo solidario y para todos. 


Nuestros siglos de historia de opresión hacia el pobre, y el mensaje de Jesús, tiene que enseñarnos, tenemos que aprender que las diferencias, aunque cada vez se hacen mayores , no pueden robarnos la esperanza de cambiar la dinámica de exclusión en la que nuestro mundo está embargado.


En este momento, las estadísticas no nos dejan ser optimistas, ni podemos enorgullecernos de ir progresando porque la pobreza es una epidemia que afecta a millones de personas en nuestro planeta. En el mundo, 1.400 millones de personas sufren pobreza extrema. Son muchas, es verdad, las organizaciones que trabajan para reducir o extirpar la pobreza, pero no las necesarias para que los números no crezcan.


La situación de pobreza que vive una parte de la población mundial, especialmente en los países del sur, es un fenómeno que se ha ido desarrollando durante diferentes periodos de la historia. ¿Las causas? son muchas ;colonialismos, compra de recursos, mano barata, epidemias, enfermedades, cambio climático, guerras que impiden el cultivo, dañan las estructuras, el despilfarro de los alimentos y sobre todo, el desinterés de los países desarrollados en acabar con la pobreza.


La concienciación de los ciudadanos del primer mundo y la presión sobre sus gobiernos es fundamental para poder revertir esta situación en la que los países del sur sufren un empobrecimiento cada vez mayor. El compromiso de cada uno de nosotros tiene que acrecentarse, la presión sobre los gobiernos para que los recursos de todos sean puestos al servicio del que más lo necesita, depende de nosotros. 


Es necesaria tu implicación empezando por cambiar tu mirada del pobre concreto que sufre la pobreza, acercarte al que está en situación de desamparo. Cambiar tu corazón para que este cambio te acerque a su vida y a las causas de su situación que seguro podrás mitigar o eliminar .


Belén Miguel Frías. ra


Volver a leer el mensaje del Papa Francisco para la III jornada Mundial de los pobres, puede situarnos en una esperanza realista y aportarnos claves de compromiso.

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