Mujeres en marcha

“Cualquier persona, cualquier mujer que emprendemos un proceso migratorio
estamos empoderadas. Sino no sobreviviríamos a todas las violencias que nos
encontramos. Pero no se habla de la mujer resiliente”.
Marie Lucia Monsheneke (Activista, agente de igualdad y presidente de FAMEK Elkartea)

Vivir en un país distinto al de nacimiento no es una cuestión sencilla. La existencia de una gran diversidad de procesos migratorios caracterizados por condiciones y por motivos diferentes, convierte a la migración en un fenómeno de alcance global y reconoce la mayor complejidad y violencia de los itinerarios vinculados a los desplazamientos forzados, y a la migración por vías ilegales, por ser un proceso inhumano repleto de vulneraciones de derechos, discriminaciones y violencias.
En el caso de las mujeres y niñas, la migración responde a una necesidad de supervivencia, de adaptación y de resistencias frente a los roles patriarcales impuestos y sustentados a lo largo de la historia en los diferentes ámbitos políticos, sociales, culturales, religiosos y económicos; que perdura y se reproduce en todo el proceso migratorio.
La interrelación de ambos fenómenos ha marcado la narrativa de esta publicación, que desde la perspectiva transnacional y de género, extrae las siguientes conclusiones:


La migración entiende de género


Las mujeres afrontan riesgos específicos cuando se desplazan (tránsito) y tienen mayor probabilidad de haber soportado discriminaciones adicionales y violencias antes de emprender sus viajes (origen).
Una vez en destino, hacen nuevamente frente a múltiples violencias y vulneración de derechos por ser mujer y ser migrante y por motivos de raza, clase social, orientación sexual, etc. Así, la tendencia de la feminización de la migración de varios flujos migratorios, las múltiples violencias de las que son objeto, la invisibilización y la normalización de esta realidad y de sus consecuencias como la trata de personas, la explotación laboral y sexual, y las violencias y discriminaciones institucionales entre otras; demanda poner el foco en la población femenina migrante.


Nuevas narrativas: personas detrás de las cifras

Quedarnos sólo en las cifras o hacer una lectura descontextualizada de las mismas, deshumaniza el fenómeno de la migración y alimenta los patrones que perpetúan las brecha sociales y sus impactos sobre la población global. De hecho, los datos sobre la población migrante son frecuentemente utilizados como técnica para avivar un discurso de miedo y odio que está proliferando en el planeta. Sin embargo, la realidad es que las cifras reflejan que la población migrante internacional representa el 3.6% de la población total global; las personas forzadas a abandonar su hogar en todo el mundo, el 1.4%; o que las personas solicitantes de asilo en Europa, representan el 0.10% de la población europea; demostrando
que la “invasión de la migración” es un mito.
Por el contrario, lo que está constatado es que tras las cifras se esconden millones de personas con historias de violencias que encuentran la ausencia de voluntad de Estados y comunidad internacional, que apuestan por políticas disuasorias que naturalizan e ignoran su sufrimiento y la vulneración de sus derechos.


Pasividad y responsabilidad


Las mujeres conforman aproximadamente la mitad de la población migrante del mundo, lo que demuestra que la feminización de la migración es un hecho, pues a pesar de las desigualdades y las dificultades que enfrentan, a causa de los roles tradicionales de género, la migración femenina mantiene una tendencia creciente en todo el planeta. Además, tal y como se ha constatado, la desigualdad de género, como problema estructural, está presente desde el origen, durante el tránsito y en destino, e impacta directamente en el aumento de la vulnerabilidad y la desprotección que caracterizan la experiencia migratoria de muchas mujeres. Esta interrelación se refleja en ordenamientos jurídicos internacionales que ante esta realidad abogan por medidas intersectoriales que fortalezcan la protección de los derechos humanos e incorporen la perspectiva de género. A pesar de estas premisas, en la práctica, la comunidad internacional y los Estados nacionales no responden a esta realidad y perpetúan las múltiples formas de
violencia hacia la población migrante. Y es que, el racismo institucional y la ausencia de una gobernanza adecuada, unida a los roles tradicionales de género aumenta la complejidad y dureza de todas las fases de los procesos migratorios que emprenden muchas mujeres.


Mujeres migrantes, mujeres con derechos

El contexto migratorio analizado desde la perspectiva de género y enfoque transnacional demanda políticas integrales y multidimensionales que hagan frente a la interseccionalidad de las violencias y garanticen, a lo largo de todo el proceso migratorio, el acceso de las mujeres migrantes a sus derechos en condiciones de igualdad.

Conclusiones del informe: Mujeres en Marcha. La realidad de las mujeres en los procesos migratorios.

Informe completo: https://www.entreculturas.org/es/buscador-publicaciones?search_api_views_fulltext=mujeres+en+marcha

Foto de Levi Meir Clancy en Unsplash

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