Seres humanos y medioambiente

Los seres humanos forman parte del medioambiente y son influenciados por él. Ciertos ambientes son propicios para el desarrollo y el enriquecimiento del espíritu. Todos son, por naturaleza, espirituales. Hay cientos de cosas en el entorno, que nos ayudan a descubrir a Dios. Estos ambientes son considerados como manifestación de Dios, el creador. Un gigantesco río que corre, un gran prado verde, un espeso bosque con animales deambulando, pájaros que cantan y vuelan con alas minúsculas; flores que florecen con la variedad de colores, un amanecer pacífico que disipa las tinieblas, la luz que emerge poco a poco cada mañana, el sol brillante en medio del día, los resplandores del sol que tranquilamente desciende al anochecer difundiendo la belleza en el horizonte, miles de estrellas que resplandecen en la noche, truenos que destellan cruzando el cielo; las plantas de la tierra y los peces del mar; el viento frío en el invierno y el agradable sol en el verano; nubes que se mueven lentamente allá arriba en el cielo, las montañas, manantiales, árboles, brisa, las inundaciones… todo esto permite que las personas espirituales descubran a Dios en el medioambiente. “Señor, la tierra se ilumina como un símbolo de tu presencia. Toda la naturaleza está impregnada de tu luz y de tu vida”.

Para las personas espirituales, todas las criaturas están bañadas por el amor divino. Cuanto más se van convirtiendo al Espíritu, con más facilidad se les manifiesta cualquier cosa hermosa como símbolo de la presencia de Dios. Todas las cosas reflejan el amor y la belleza divina. Ellos adoptan una actitud de reverencia, adoración y sobrecogimiento. La belleza del entorno los conmueve. Esta, a su vez, impregna y transforma sus vidas, sus gestos, palabras y relaciones con los demás. Estas personas protegen el medioambiente y lo conservan, embelleciéndose y enriqueciéndose ellos mismos.

Jesús, a menudo, hizo alusión a la naturaleza para explicar el misterio del reino de Dios. Se refirió a los lagos, al suelo, al campo, a la tierra, a los agricultores, a la poda, a la siembra de semillas, al crecimiento de los cultivos, a la cosecha, a un grano de mostaza, a los pueblos, a las montañas, a las colinas, a la pesca, al pedir pan, y mucho más. De esta manera, mostró cómo el cuerpo y el espíritu están interconectados.

Therese Koottiyaniyil

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Editorial

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